Marín nos habla de la educación artística a lo largo del tiempo, desde la antigüedad hasta nuestros días, distinguiendo seis periodos bien diferenciados.
Después de una breve introducción, aborda la antigüedad clásica, en la que son los filósofos los que tienen el papel de educadores, y abogaban por una educación integral, con “centros de aprendizaje” distintos de los de ahora y mucho más amplios y generales.
En la Edad Media, se restringe lo que conocemos como educación artística a los talleres de oficios manuales, con aprendizaje restringido donde se copia y se tiende a la funcionalidad, aprendiendo muchas técnicas básicas pero sin aparecer un estilo propio. Es propio de esta época el anonimato en muchas de las obras.
Ya en el Renacimiento se sientan las bases del academicismo, de la copia de cuerpos geométricos básicos. Hay muchas referencias a lo clásico y esta forma de enseñanza se establece como el método definitivo durante siglos.
Ya en el siglo XIX se divide entre belleza y técnica, y se extiende la educación artística al pueblo llano, de ahí la copia de láminas con letra, dibujo y números. Se basa en la orientación figurativa (simplificando todo a figuras geométricas básicas). Se nota claramente la finalidad de formación de trabajadores en puestos técnicos o de ámbito industrial. Y como característica que me ha llamado la atención destaco que toda obra, sea del estilo que sea parte de una referencia previa, es decir, no hay nada desde cero, no se concibe el dibujo libre. Sin embargo, se confeccionan diversos conjuntos de trabajo con materiales para combinar y favorecer la creatividad.
La primera mitad del siglo XX nos sorprende con el descubrimiento del dibujo infantil con su pureza expresiva carente de crítica o censura de algún tipo. Gracias a este tipo de dibujos se descubre el dibujo libre como material psicopedagógico (etapas de desarrollo madurativo).
Se concede importancia a la libertad de expresión, especialmente en este medio como método de canalización de emociones y expresión en general.
Por último en la segunda mitad del siglo XX, la autoexpresión creativa toma mayor protagonismo, surgen organismos internacionales (INSEA, DBAE...), que consiguen que la Educación Artística sea considerada como disciplina dentro de los sistemas educativos. El lenguaje visual aparece como medio de expresión social crítico, tomando una relevancia educativa que tiene como consecuencia la transversalidad de la educación Artística en el currículo (UNESCO).
Personalmente creo que la educación artística debe tener un papel más activo en la educación actual y que no sólo habría que cambiar el currículo (que buena falta le hace) sino que hay que cambiar la concepción que se tiene de la educación artística.
Creo que se tiende demasiado al pragmatismo inmediato, es decir, a lo necesario indispensable, el arte se considera ocio, una formación sin importancia porque no se “necesita” para ningún trabajo de los que son “socialmente deseables”. Pienso que esa concepción es un error, más que nada porque sólo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para comprender que hay un lenguaje visual que no sabemos manejar y eso supone una laguna formativa importante.
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